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papel de liar

EL ARTE DE LIAR No es habitual ni, en principio, recomendable que una editorial cuyos logros canta la prensa a ambas orillas del Atlántico se escinda para alumbrar un vástago de nombre equívoco y futuro incierto. La urgencia de nuestra insensatez ha de buscarse en un nombre inequívoco y en un pasado cierto: ¿se hacen ustedes cargo de la pavorosa desolación que puede embargar a un ser humano después de deletrear globalrhythmpress a las cinco en punto de la tarde? Ese inefable disturbio verbal está hoy metafísicamente identificado con la música y seguirá por tanto adornando los lomos de los tomos consagrados a ella, pero hace un par de años decidimos adentrarnos en el resto del universo (sea éste ficticio, no ficticio o hermafrodita), y como el resto del universo es para nosotros un campo libre de ataduras ontológicas, una región abierta a las veleidades onomásticas, a partir de hoy lo enclavaremos en un nuevo sello (muy distintivo) que, si Dios no lo remedia, se llamará: PAPEL DE LIAR ¿Por qué? Por agotamiento, por abandono del contrario, porque después de devanar y rebanar mil agudezas eufónicas, estereofónicas, espasmódicas, carnívoras, herbívoras o salmantinas había que hacer algo, había que perder los papeles, había que rendirse… Por ejemplo, a la evidencia de que todo nombre es una maldición (la primera del hombre). Aunque bien mirado, tampoco es imposible una elegante explicación ad hoc cuando otros desvaríos la tienen, y además con saña. Veamos: el papel del papel en el tropo es tan estrepitosamente obvio que cualquier glosa ofendería la vista, de modo que el método de nuestra locura está hecho un lío. ¿Qué queremos liar? Podríamos decir que «textos memorables bellamente empaquetados», pero esa blanda y sincera monserga sólo conduce al tedio o al espanto. Porque en realidad la pregunta es otra; la pregunta es «¿a quién queremos liar?», y el enigma no tiene ningún misterio ni viceversa: queremos empapelar al honrado lector y al insigne crítico. Deseamos que el primero compre por arrobas (e incluso lea) nuestra mercancía y que el segundo, en su infinita sabiduría, la bendiga, la exalte y la canonice. El caso es que nos hemos liado (la manta a la cabeza), que esperamos no hacer un mal papel y que «liar» también puede leerse en inglés.

 

Los Bohemios

Marqués de Pelleport, Anne-Gédéon Lafitte

 

Las tres vidas de Stefan Zweig

Oliver Matuschek

 

Por su propio cuento / Un españolito en obras

John Lennon

 

La muerte de Bunny Munro

Nick Cave

 

España levanta el puño

Pablo Suero

 

Como una moto La vida galopante de John Belushi

Bob Woodward

 

Miedo a la vida

Alexander Lowen

 

Testigo de raza Un negro en la Alemania nazi

Hans Massaquoi

 

Destellos de vida

Friderike Zweig

 

Dudá El arte acrobático de Gavin Twinge

Ralph Steadman

 

El marqués y el sodomita Oscar Wilde ante la justicia

Merlin Holland

 

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